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domingo, 2 de octubre de 2011

Verticalidad, el cuerpo y su significado emocional de pies a cabeza





Si aceptamos que la materia es energía, podemos decir que toda manifestación del ser siempre es expresión de su funcionamiento orgánico. Nuestro aparato funcional se vuelca de un contacto continuo de un movimiento energético interno a un intercambio constante con el medio externo. Por varios motivos se pueden instaurar bloqueos en ese sistema, provocando disfunciones. La represión de la energía transforma su calidad: al paralizarse pierde su característica vital y dinámica tornándose patológica y perversa.

Por ejemplo, cuando a un niño no se le permite la legítima expresión de su tristeza o de sus miedos por medio del llanto («los hombres no lloran») se exigirá una contracción de los músculos de la garganta para que el llanto «sea tragado». Con una represión continua de esa expresión (por las amenazas de castigo) se instalará una contracción crónica de los músculos de la garganta, hasta el punto de que pasado algún tiempo se pierda la posibilidad del llanto, aunque ya no se lo reprima.

La represión ya está internalizada. Los músculos contraídos no obedecerán más al control consciente, estarán bajo el severo dominio del sistema nervioso autónomo simpático que es el responsable de la acción del organismo en situaciones de peligro (la amenaza de los padres es peligrosa). Se dice que esta musculatura está en el régimen simpático tónico. No se adelantará en la posterior comprensión racional de los motivos que generaron aquella contracción pues la grabación de la represión es muscular.

Aquel niño, ahora adulto, podrá conocer los motivos (ahora conscientes) de esta «disfunción» suya, pero continuará incapacitado para llorar. Aquí hay una gran diferencia entre las terapias; la acción corporal actúa en un nivel biológico, buscando recuperar el movimiento natural de la expresión, de la expansión, la otra vertiente es la pulsación, que es el ritmo natural del movimiento de la energía vital.

Observando las tensiones corporales, Reich percibió que se establecen en el cuerpo en sentido transversal formando anillos de coraza. El flujo natural de energía es predominantemente longitudinal, o sea de arriba hacia abajo, siguiendo la anatomía del cuerpo. Los anillos identificados por Reich fueron siete: ocular, oral, cervical, torácico, diafragmático, abdominal y pélvico. (Los chacras fundamentales de la cultura hindú también son siete).

Así se divide nuestro cuerpo y estas son las emociones preponderantes cuando el flujo está abierto.



Y esta es una representación de nuestro cuerpo cuando está bloqueado en alguno de los anillos y en consecuencia las emociones que se presentan perversamente en cada segmento.


martes, 2 de junio de 2009

LATERALIDAD Y SU SIGNIFICACIÓN EMOCIONAL



Al hablar de lateralidad hacemos referencia a grandes zonas, estas áreas de significación permanecerán presente a lo largo del cuerpo sumando valor a la interpretación que hagamos de la lesión o zona de estudio.


El primer criterio de análisis considera la lateralidad que conocemos como “lateralidad básica” y plantea la siguiente:


En el lado Izquierdo: encontramos al corazón y por ello diremos que nuestras emociones profundas. Inicialmente las perspectivas hindú y asiática lo relacionan con lo femenino, además se le vincula o identifica como el lado afectivo o emocional. Sin embargo, las emociones contenidas en este lado solo refirieren a la familia, específicamente a los lazos consanguíneos. Cabe acotar, que cuando hablamos de familia hacemos referencia principalmente a padres, hermanos e hijos y posteriormente a aquel familiar cuya significación emocional causa impacto en la persona debido a presencia y recurrencia de contacto.


En el lado Derecho: encontraremos representado a lo social. Entendiendo por social a nuestros amigos significativos, el colegio o ambiente de estudio o el trabajo, vecinos según sea la edad y finalmente a nuestra pareja, ya que la pareja es el más cercano y significativo de nuestros amigos y proviene del entorno.


La diferencia principal que existe entre ambos lados radica en el hecho de que las relaciones consanguíneas son sempiternas y las sociales son finitas. De hecho en muchos de los casos las relaciones sociales significativas viene acompañadas por ritos que indican que se inició y se culmina dicha relación. Por ejemplo, el matrimonio y el divorcio o la firma de un contrato y la carta de despido.


Es de suma importancia entender que por profundo que sea el amor a la pareja, su significación invariablemente se reflejará del lado derecho. Particularmente cuando hablemos de casos como el cáncer de mama y otros similares. Si bien no hay estudios específicos sobre la significación emocional y la huella de su impacto en el caso de las personas que sufren de dextrocardia. Todo pareciera indicar, por la misma naturaleza de la condición, que la significación se mantiene pero al lateralidad de invierte. Es decir que encontraremos que la referencia o el impacto que generen las situaciones familiares se reflejará como salud o un equivalente patológico del lado derecho de la persona, quedando en este caso en el lado izquierdo todo lo que refiere a lo social.


Esto se debe a que la dextrocardia es una enfermedad cardiaca de origen genético. Como bien es sabido, el corazón se sitúa en el lado izquierdo del cuerpo, sin embargo, en esta malformación, ese orden es alterado y el corazón se ubica en el lado derecho del tórax. Ocurre durante la cuarta semana del desarrollo embrionario, cuando el tubo cardiaco primitivo se dobla a la derecha cuando normalmente debería doblarse a la izquierda.


La dextrocardia generalmente viene acompañada de una anomalía llamada situs inversus que consiste en que los órganos se encuentran en lado opuesto al que deberían estar, esta situación afecta solamente a los órganos impares y que se encuentran en un lado determinado del cuerpo, por ejemplo, el hígado, el páncreas o el estómago, en el caso del intestino grueso, el ciego se encuentra en el lado opuesto. Pero también puede ir asociada con situs ambiguus. En este caso puede ser sólo uno de los órganos el que se encuentra invertido, y los demás se encuentran en sus posiciones normales.


Esta es la única excepción a la regla en lo que a lateralidad refiere, salvo lo aquí comentado, todas las disfunciones o lesiones emocionales que se tengan a nivel familiar se reflejaran del lado izquierdo y todas aquellas que provengan del entorno social, en el lado derecho.


Sin embargo hay que ser cautelosos a la hora de hacer interpretaciones pues puede ocurrir que ante una ruptura de pareja, la que todavía no ha tenido descendencia, la persona evidencie lesiones del lado izquierdo. Esto se debe a que para el o ella la ruptura se vive no solo como la perdida de la pareja, sino como la imposibilidad inminente de tener familia y eso es lo que afecta mayormente y se manifiesta psicopatológicamente.


Por otro lado, tenemos muy arraigado en los procesos del pensamiento y concepción, casi podríamos decir que forma parte del inconsciente colectivo Junguiano, la idea de linealidad temporal. Partiendo de este principio en nuestro cuerpo debe haber huellas de nuestro pasado, nuestro presente y proyecciones de nuestro futuro. Sin embargo, en el cuerpo sólo existe un tiempo, presente subjetivo y como tal no existe el pasado ni el futuro. Vale decir, del pasado sólo conservamos aquello que todavía guarda significación para nosotros ya sea como destreza o como trauma.


Entender y aceptar este principio nos da la potestad liberadora y la opción de conservar, modificar o erradicar dicha significación, permitiéndonos optar por la salud o simplemente por otras alternativas que no sean dolorosas para el individuo. Entonces, suponiendo que se pudiera trazar un meridiano que me divida el cuerpo en dos mitades y una de estas mitades refiera al frente y otra a la parte de atrás.


En la parte trasera de nuestro cuerpo encontraremos representado nuestros aprendizajes, nuestra historia o más bien lo que conservamos de ella, los valores que nos mantienen erguidos y la representación de nuestras capacidades y expectativas; así como también las marcas o lesiones de experiencias traumáticas no superadas.


Delante, en consecuencia encontramos representado nuestro presente. Como nos vemos y nos vivimos hoy, nuestra imagen, nuestras creencias, nuestras ideas, nuestros afectos significativos, nuestras defensas principales y nuestras vulnerabilidades (evidenciadas como lesiones o cicatrices.)


Aquí encontramos también la parte de nuestro cuerpo que nos permite proyectarnos al futuro y alcanzarlo o también poner distancias y límites. Sin embargo, cuando hablamos del conjunto formado por los hombros, los brazos y las manos, la significación de los mismos siempre estará en presente subjetivo y nunca en futuro, pues como tales ellos originalmente se posicionan a ambos lados del cuerpo y cuando mucho pueden proyectarse hacia delante, mas efectivamente nunca se alcanza el futuro y solo se vive el presente, el aquí y el ahora.